Magnifica Humanitas: Inteligencia y sabiduría, trabajo y misión, realidad y verdad

Published by Lucia Dans Alvarez De Sotomayor on

Magnifica Humanitas: Inteligencia y sabiduría, trabajo y misión, realidad y verdad

LUCÍA DANS ÁLVAREZ DE SOTOMAYOR 
Profesora Contratada Doctora de Derecho del Trabajo y de la Seguridad Social
Universidad de La Laguna

Se ha publicado la carta Encíclica Magnifica Humanitas, «Sobre la custodia de la persona humana en el tiempo de la Inteligencia Artificial». Iglesia, Universidad y Silicon Valley mostraban al mundo una foto inédita, exponiendo conjuntamente las principales claves de este interesante documento. Se trata de la primera encíclica de León XIV, confirmando cómo ya en su día la elección de este nombre avanzaba su preocupación por la denominada «cuestión social». Se encuadra dentro de esa categoría de documentos magisteriales que integran la Doctrina Social de la Iglesia, cuyo texto fundacional es la Encíclica de León XIII, Rerum Novarum (1891), que abordó la difícil situación de los obreros y sus familias durante la Revolución industrial. Coincidiendo con el 135º aniversario, los 245 parágrafos en que se desarrolla Magnifica Humanitas nos muestran un documento muy bien escrito, con una gran hondura intelectual y moral y, sobre todo, profundamente humano. Merece la pena leerla.

1.- “Nada nuevo bajo el sol” (Ecle. 1, 9). Si la Rerum Novarum trataba «de las cosas nuevas», «las novedades», hoy podríamos traducir perfectamente las res novae que están sacudiendo nuestro tiempo como ‘innovaciones’, cuyo máximo exponente es el desarrollo vertiginoso de la IA. Pero no es la técnica en sí la novedad que ha merecido una Encíclica (León XIV no la considera una fuerza necesariamente negativa), sino algo tan antiguo y siempre nuevo como es la tentación de acumular poder, para ganar la carrera por la hegemonía estratégica y económica del mundo. Aunque ello suponga reducir a la persona a un simple algoritmo. La Encíclica reflexiona sobre los peligros del nuevo ‘paradigma tecnocrático’”; una visión según la cual la técnica deja de ser un instrumento al servicio de la persona para convertirse en el criterio dominante desde el que se interpreta y organiza la realidad. Bajo esta lógica, lo eficiente, lo rentable, lo productivo o lo técnicamente posible tiende a prevalecer sobre la persona y sobre su dignidad inalienable. Además, el poder está cambiando de manos sin encontrar apenas resistencia. Antes eran sobre todo los Estados los que impulsaban y orientaban la innovación: «Hoy, en cambio, los principales motores de desarrollo son actores privados, a menudo transnacionales, dotados de recursos y capacidad de acción superiores a los de muchos gobiernos. El poder tecnológico adquiere así un rostro inédito, predominantemente ‘privado’, y por ello, aún más difícil de discernir, gobernar y orientar hacia el bien común».

2.- “Salid a los cruces de los caminos e invitad a todos” (Mt. 22, 9). Magnifica Humanitas no sólo se dirige a los católicos del mundo; convoca «a todos los hombres y mujeres de buena voluntad», a quienes lanza un llamamiento: «no temamos ensuciarnos las manos en la obra de nuestro tiempo». El documento tiene el propósito de entablar un «diálogo», a través del cual la Iglesia quiere sumar su voz —autorizada y profética— en esa conversación global «sobre nuestro presente, porque la IA y las tecnologías emergentes ya son parte de nuestra vida cotidiana», impulsadas por esa doble palanca de transición, ecológica y digital. De hecho, forma un binomio inseparable con la Encíclica Laudato Si’, «Sobre el cuidado de la Casa común», que profundiza en la crisis medioambiental. Pero más que hablar, invita a realizar un «discernimiento común» acerca de cuál es el rumbo —en esta encrucijada decisiva de la historia— que queremos tomar como humanidad. Una humanidad magnífica, pero también profundamente herida, tras haberse detenido el Pontífice a contemplar, como capataz que trabaja a pie de obra, cuáles son las principales brechas que han abierto esas mismas innovaciones tecnológicas en los muros que la sostienen, con la IA como punta de lanza. La premisa de la que parte es tajante: «la tecnología no es neutral, porque toma el rostro de quien la concibe, la financia, la regula, la utiliza», lo que significa que «puede aumentar la participación y la justicia, o ampliar las desigualdades, el control y la exclusión».

3.- “Examinadlo todo; quedaos con lo bueno” (1Tel. 5, 21). Ante esta ambivalencia, León XIV sugiere pasar las innovaciones tecnológicas por el tamiz de una pregunta incómoda, pero necesaria: «¿contribuyen realmente a hacer crecer a las personas y a los pueblos en humanidad y fraternidad, en el respeto a la Casa común y a las generaciones futuras?». Una labor de discernimiento, para la cual ofrece el patrimonio de sabiduría que conforma la Doctrina Social de la Iglesia, y que «no se traduce en un repertorio de soluciones técnicas ni en un modelo económico o político que se oponga a otros: tiene una categoría propia, la de los principios que orientan la lectura de los acontecimientos y sustentan una interpretación, a la luz de la fe, de los procesos históricos»: 1) el principio del bien común; 2) el principio del destino universal de los bienes; 3) el principio de subsidiariedad; 4) el principio de solidaridad; y 5) el principio de justicia social. Desde esta perspectiva, se nos urge a redescubrir la verdad como bien común, a salvaguardar la libertad frente a toda mercantilización y a proteger la dignidad del trabajo. El trabajo constituye «“la clave esencial” para comprender la cuestión social en su totalidad, ya que a través de él la persona desarrolla múltiples dimensiones de su propia existencia». Por ello, una de las ideas que reivindica con más firmeza —contestando quizás a esa narrativa determinista que preconiza una renta básica universal para la mayor parte de la humanidad— es que debemos reconstruir un modelo productivo capaz de ofrecer a cada persona, y sobre todo a las generaciones venideras, las condiciones necesarias para vivir dignamente a través de su propio trabajo: «la regla general debe seguir siendo la protección de los puestos de trabajo y el papel insustituible de la persona», para lo cual «el acceso al trabajo para todos debe seguir siendo un objetivo prioritario de las políticas públicas y de los procesos económicos».

4.- “Ya no hay judío ni griego, esclavo ni libre, varón ni mujer” (Gal. 3, 28). La custodia de la persona humana en tiempos de IA significa, además, custodiar «la igual dignidad de todos los seres humanos», también la de quienes pertenecen a los pueblos del sur global, tantas veces sometidos a lógicas de endeudamiento. Magnifica Humanitas sale a las periferias existenciales, para despertar conciencias con un baño de realidad a quienes, en ocasiones, se nos olvida que «en el mundo de la IA nada es inmaterial o mágico»: una parte importante de la economía digital se sustenta en el trabajo de millones de personas, en su mayoría mujeres jóvenes, «empleadas en actividades poco visibles, pero esenciales: etiquetado de datos, moderación de contenidos —a menudo pésimos— y entrenamiento de modelos… a cambio de remuneraciones mínimas». Inenarrables formas de subempleo, e incluso de esclavitud, que permanecen «deliberadamente ocultas», a fin de que «el flujo de los cálculos no se interrumpa»: minas donde trabajan adolescentes y niños, en condiciones de trabajo durísimas, para extraer los materiales necesarios de las tierras raras; y redes criminales de trata de personas (frecuentemente, mujeres y niños) que constituyen esa forma contemporánea de esclavitud y, en cuanto tal, una gravísima violación de la dignidad humana.

5.- “Como un solo hombre” (Neh. 8, 1). En fin, en todo el documento planea la idea de una misión compartida, de una corresponsabilidad orientada al bien común y a la realización de la justicia: «ninguna mano, por sí sola, basta para sostener el peso de los desafíos que atraviesa el mundo… a cada uno corresponde su tramo de muralla». También a los sujetos colectivos —sindicatos y representantes de los trabajadores— a los que la Encíclica reconoce expresamente su papel insustituible como actores cualificados en la gobernanza compartida de la transición digital. Lo que ocurre es que los sindicatos «ya no bastan por sí solos» para afrontar las transformaciones provocadas por la IA, la nueva organización de los mercados y las exigencias de la competitividad, la cual «rara vez se preocupa por la sostenibilidad social». De ahí que León XIV lance asimismo un llamamiento a «un nuevo esfuerzo conjunto» entre poderes públicos, organizaciones de trabajadores, empresas y comunidad científica para diseñar «con celeridad» marcos normativos y mecanismos de protección adecuados. Esta lógica de corresponsabilidad trasciende, de hecho, el marco estatal, lo que explica que esta Encíclica cierre filas en favor del multilateralismo, como modelo de gobernanza capaz de ofrecer respuestas regulatorias coordinadas, frente a unos desafíos que desbordan incluso la propia capacidad de los Estados individualmente considerados.

CITA: DANS ÁLVAREZ DE SOTOMAYOR, Lucía, “Magnifica Humanitas: Inteligencia y sabiduría, trabajo y misión, realidad y verdad”, Briefs AEDTSS, número 70, Asociación Española de Derecho del Trabajo y de la Seguridad Social, 2026.

Briefs AEDTSS, nº 70, 2026

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