Alfredo Montoya Melgar, uno de los más grandes laboralistas, en memoria

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Alfredo Montoya Melgar

Alfredo Montoya Melgar, uno de los más grandes laboralistas,
en memoria[1]

 

La cátedra ganada por oposición es propiedad más sagrada que la camisa que llevamos.
Benito Pérez Galdós, Prim, 1906

El profesor Alfredo Montoya Melgar fallecía en Madrid en la tarde del pasado jueves 27 de marzo. La Junta Directiva de la Asociación Española de Derecho del Trabajo y de la Seguridad Social lo hacía saber al día siguiente a la comunidad científica y a la sociedad en general mediante un sentido comunicado de pésame y homenaje al maestro. A lo largo de aquella misma tarde circulaba ya la noticia entre sus amigos y personas allegadas. Había permanecido a lo largo de los últimos meses en su domicilio madrileño con actividad limitada, tras haber sufrido en 2022 un incidente cerebral de origen vascular. Había nacido en Madrid, el 25 de septiembre de 1937. Tenía 87 años.

Alfredo Montoya fue un jurista de extraordinario relieve, cuya obra científica, dimensión académica y proyección profesional, así como los innumerables reconocimientos dispensados a su persona a lo largo del tiempo en tantos países, lo acreditan desde luego como uno de los laboralistas más prominentes de la doctrina española e internacional en el ámbito del Derecho del trabajo y de la seguridad y de disciplinas tangentes. Discípulo directo y muy querido del maestro Manuel Alonso Olea, de quien recibió sus primeras enseñanzas en la materia en la Universidad de Sevilla ⸺«[…] puedo asegurarles que fueron las mejores lecciones que he tenido ocasión de oír en mi vida», recordaba el profesor Montoya en la laudatio que pronunciaba en francés en la investidura de aquel como doctor  honoris causa por la Universidad de Göttingen, el 27 de mayo de 1987⸺, fue él mismo cabeza de una nutrida y reputada escuela de discípulos, extendida por varias universidades españolas y americanas.

Acerca de la magnitud de la producción científica de Alfredo Montoya Melgar, que abarca sin necesidad de recuento la totalidad de los dominios institucionales de las disciplinas que profesó ⸺ya desde su iniciático libro El poder de dirección del empresario, 1965, su tesis doctoral a la sazón⸺, baste con referir ahora, sin descender tampoco a detalle, un doble e imbatible logro. Llegó a completar nada menos que 41 “libros y monografías” ⸺tal como figura en su currículum publicado en la página telemática oficial del Tribunal Constitucional, amén de un sinfín de otras publicaciones de todo tipo y formato⸺ de la más diversa temática y contenido, algunos de los cuales siguen ofreciendo todavía en el presente su indiscutible condición de obras maestras de la dogmática iuslaboralista de todos los tiempos. Además, han sido 45 ediciones ⸺hecho inédito en la manualística comparada⸺, revisadas y ampliadas para cada ocasión, las que publicó de su clásico e imperecedero Derecho del Trabajo, entre 1976 y 2024, en cuyas páginas se formaron por cierto miles de juristas en ciernes y fueron muchos más quienes buscaron luz en la consulta frecuente de sus pasajes y tratamientos. El profesor Montoya escribió, asimismo, esta vez junto a algunos de sus discípulos, manuales de Derecho procesal laboral, de Derecho concursal laboral y de Derecho social europeo, que fueron objeto de amplia difusión y varias ediciones.

Y destacó, me complace recordarlo también, por sus importantes estudios y publicaciones sobre Ideología y lenguaje en las leyes laborales de España, que fueron acomodados de modo sucesivo a los diversos periodos políticos de nuestra historia contemporánea y objeto de publicación por separado en cada momento. Para ser reunidos, finalmente, en un volumen unitario monumental, compuesto por casi 700 páginas, que abarca nuestra historia legislativa en la materia entre 1873 y 2009 y que vio dos ediciones.

Fue persona amable y empática, provista de un sentido del humor inteligente que exhibía con gracejo y de modo habitual en su atractivo modo de conversar, trufada su charla siempre que era menester con la narración oral de tantas historias y anécdotas como sabía y le gustaba referir a los más cercanos. Y dotado también de una prosa directa y sencilla que iba siempre con claridad y persuasión al fondo de los asuntos y cuestiones tratados en sus textos profesionales. Fue culto y leído, amante del arte y de la literatura, también de la música. Disfrutó con todas estas disciplinas del espíritu y escribió con delectación sobre las mismas en no pocas ocasiones. Ahí está, como muestra de su incursión en la ficción literaria publicada, el conjunto de relatos aparecido en 1986 en un volumen con el título de El Panamá y otros cuentos.

Fue catedrático de Derecho del trabajo en las universidades de Murcia (1969-1989) y Complutense de Madrid (1989-2007), para ser en esta última, a continuación, profesor emérito tras su jubilación administrativa en 2007 en el escalafón de catedráticos de universidad. Antes, había ingresado por oposición en el Cuerpo Nacional de la Inspección de Trabajo, del que pronto solicitó su excedencia voluntaria. Fue, asimismo, miembro de número de la Real Academia de Jurisprudencia y Legislación (2000). Así como de la Academia Iberoamericana de Derecho del Trabajo y de la Seguridad Social, de la que llegó a ser presidente (2001-2003) y, después, presidente de honor (2004). Y, en fin, fue magistrado del Tribunal Constitucional (2017-2022), nombrado a propuesta del Senado ⸺Real Decreto 261/2017, de 10 de marzo⸺ y declarado su cese como consecuencia de la renuncia al cargo aceptada por el presidente del alto tribunal, sobrevenida al verse aquejado por el accidente vascular referido ⸺Real Decreto 661/2022, de 28 de julio.

Fue doctor honoris causa por las universidades Central del Este de la República Dominicana (2001), Rey Juan Carlos de Madrid (2006) y de Murcia (2008). Y fueron incontables, por añadidura, los reconocimientos y distinciones que recibió por sus muchos méritos.

De entre todos ellos, quiero citar por su alcance extraordinario y exuberancia la Enciclopedia laboral básica “Alfredo Montoya Melgar” (2009), que le fue ofrecida, como libro homenaje colectivo con motivo de su jubilación como catedrático, por los profesores Antonio Vicente Sempere Navarro, Francisco Pérez de los Cobos Orihuel y Raquel Aguilera Izquierdo, que firman además de modo conjunto la “presentación de la obra”. Este voluminoso libro recoge, a lo largo de sus 1.407 páginas, 483 voces o entradas temáticas, a cargo de 146 autores ⸺la doctrina especializada española en pleno⸺, cuyas contribuciones disponen ciertamente de la naturaleza de pequeños ensayos, «más que preguntas de manual», sobre los asuntos suscitados en cada caso ⸺«[…] En la duda, mejor escribir para especialistas que para profanos; mejor para profesores que para practicones; mejor para la posteridad que para el presente; mejor para aventurar que para reiterar», una declaración de principios contenida en la “presentación” que ilustra a las claras acerca del propósito editorial de la obra⸺. El libro cuenta, por cierto, a modo de “semblanza” del propio profesor Montoya Melgar, con tres documentos pertinentes: las laudationes efectuadas por los profesores Jesús Galiana Moreno y Antonio V. Sempere Navarro, pronunciadas respectivamente en las investiduras como doctor honoris causa del maestro por las universidades de Murcia y Rey Juan Carlos de Madrid; así como su curriculum vitae. Y también dispone, por último, de los indispensables índices o relaciones de autores, de voces y de voces con autoría.

Ni que decir tiene, en fin, que me cupo el placer de participar en esta magna Enciclopedia, por amable invitación de sus promotores, con la redacción gustosa de tres entradas: conflicto colectivo, Estatuto de los Trabajadores y participación de los trabajadores en la empresa.

Nos ha dejado el profesor Alfredo Montoya Melgar, muy querido y admirado amigo de quien esto escribe, pero no lo ha hecho en nuestros corazones y memorias. Tampoco lo ha hecho desde luego su obra ingente y su huella académica envidiable.

Todavía recuerdo con alguna frecuencia ⸺permítaseme la confesión⸺, pleno de nostalgia y gratitud, aquel guiño sonriente y apenas perceptible para los demás que Alfredo me dirigió desde la mesa del tribunal de siete miembros que acababa de juzgar el último de los seis ejercicios de que había constado la oposición para la cobertura de tres plazas de catedráticos de Derecho del Trabajo ⸺en realidad de “profesores agregados”, que venía a ser lo mismo, de las universidades de La Laguna, Barcelona y Oviedo⸺, sobre la tarima de la imponente sala madrileña del Instituto de Estudios de Administración Local en la que el concurso-oposición había tenido lugar ⸺aquel glorioso día gélido del mes de enero de 1979⸺, sentado yo ⸺tenía entonces 33 años⸺ junto a los demás opositores expectantes en los primeros bancos de aquella, tras haberse producido la votación interna en el seno del tribunal y poco antes de que su presidente, el profesor Manuel Alonso Olea, puesto en pie y con la debida solemnidad, desvelara el resultado final de todo, para ⸺recupero el resuello y continúo⸺ hacerme saber con la salvadora antelación que yo había sido uno de aquellos triunfadores, lo que se corroboraba instantes después de modo oficial y firme. Esto había de llevarme, dos meses más tarde, pero es ya otra historia, a tomar posesión de la plaza de mi querida Universidad de La Laguna, acerca de la que tanto he escrito.

La dirección y el Consejo de Redacción de Trabajo y Derecho lamentan profundamente esta gran pérdida para la doctrina científica y la academia de los laboralistas, al propio tiempo que todos hacemos llegar nuestra condolencia solidaria por tan doloroso hecho a su esposa Elisa Gómez Castaño, sus hijos Elisa, Alfredo y Silvia, demás familiares, discípulos, compañeros, y amigos, así como a cuantos lo quisieron, que muchos hemos sido.

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Manuel Carlos Palomeque

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[1] En primicia para la Asociación Española de Derecho del Trabajo y de la Seguridad Social (AEDTSS), este obituario será publicado en el número 125 de la revista Trabajo y Derecho, con la firma del profesor Manuel Carlos Palomeque, Catedrático (e) de Derecho del Trabajo de la Universidad de Salamanca y su director.

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