Alfredo Montoya Melgar: In Memoriam

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Alfredo Montoya Melgar

ALFREDO MONTOYA MELGAR: IN MEMORIAM

Por Alberto Cámara Botía
Catedrático de la Universidad de Murcia

El día 27 de marzo último falleció en Madrid el Profesor Alfredo Montoya Melgar, catedrático de Derecho del Trabajo de la Universidad Complutense de Madrid, magistrado emérito del Tribunal Constitucional y académico de número de la Real Academia de Jurisprudencia y Legislación de España. En muchas ocasiones y de muchas maneras se ha señalado que somos, en gran medida, lo que hemos recibido de otros. De quienes en cada momento se han aplicado en mejorar la realidad encontrada para transmitirla, enriquecida y espléndidamente, a las siguientes generaciones, plasmando en instituciones y personas su impronta. El Derecho español del Trabajo y varias generaciones de iuslaboralistas llevan, sin duda, el sello y la marca de Alfredo Montoya Melgar, jurista extraordinario y universal. Tiempo habrá para estudiar, con el detalle que merece, su obra científica. Hoy, a los pocos días, horas, de su fallecimiento, cuando el dolor por su pérdida todavía ofusca el entendimiento, queremos recordar solo algunos aspectos de su persona y obra.

Alfredo Montoya Melgar, licenciado (1960) y doctor en Derecho (1962) por la Universidad de Sevilla, se posesionaba en diciembre de 1969 de la cátedra de Derecho del Trabajo de la Universidad de Murcia, tras los años (1963-1969) en los que fue ayudante de Pérez Botija, de Bayón (de facto, como nos recordaba Don Alfredo) y de Alonso Olea en la que entonces era, simplemente, la Universidad de Madrid. Llegaba a Murcia con sus jovencísimos 32 años, tras superar unas míticas oposiciones en las que rubricaba con éxito su vocación universitaria, alumbrada en las aulas hispalenses, por su maestro, y maestro de todos, Manuel Alonso Olea, hacia quien siempre guardó devoción y lealtad inquebrantadas. Don Manuel, junto con el ilustre filólogo Rafael Lapesa Melgar, tío y padrino de Don Alfredo, y el insigne jurista Eduardo García de Enterría, fueron los principales personajes de la “galería de modelos universitarios” del Profesor Montoya Melgar.

En Murcia, primero, y, después, desde 1989, en la Facultad de Derecho de la Universidad Complutense de Madrid, Don Alfredo desarrolló una obra científica que lo ha convertido en uno de los protagonistas indiscutibles del Derecho español del Trabajo y de la Seguridad Social. Don Alfredo pertenece a la generación que todavía pudo contribuir a ultimar la formación científica del Derecho del Trabajo en España, sobre las bases sentadas por la anterior, por los grandes maestros Eugenio Pérez Botija, Gaspar Bayón Chacón y Manuel Alonso Olea, que realizaron la formidable tarea de transformar la legislación social en Derecho del Trabajo. Los sucesivos retos de renovación de la disciplina, desde su constitucionalización y europeización hasta su reconfiguración como consecuencia de los cambios económicos y tecnológicos, están presentes en la obra científica de Alfredo Montoya Melgar, que trasciende los requerimientos del momento y permanece indispensable para el conocimiento del ordenamiento laboral. Libros suyos como El poder de dirección del empresario, La extinción del contrato de trabajo por abandono del trabajador, La representación sindical en la empresa, Jurisdicción y Administración de Trabajo, Ideología y lenguaje en las leyes laborales de España, Derecho y trabajo, La buena fe en el Derecho del Trabajo, o Derecho Laboral Concursal forman parte de la lista de clásicos de inexcusable lectura. Singular influencia ha tenido su manual, Derecho del Trabajo, que, con sus 45 ediciones (las tres últimas actualizadas por A. V. Sempere Navarro), ha constituido la vía por la que miles de juristas han accedido al conocimiento de esta materia. A estos libros acompañan otros, y varios centenares de artículos y capítulos de libros en los que Don Alfredo no ha dejado lugar por estudiar del Derecho del Trabajo y de la Seguridad Social. Una detallada relación de sus publicaciones puede leerse en “La obra científica del profesor Alfredo Montoya Melgar”, dentro de la serie que sobre “Maestros españoles del Derecho del Trabajo” viene publicando la Revista General de Derecho del Trabajo y de la Seguridad Social (núm. 69 [2024]), en feliz iniciativa del Profesor Luis Enrique de la Villa.

En la obra del Profesor Montoya resultan admirables su variedad, regularidad y continuidad; el cultivo de los “grandes” temas junto con los aparentemente “menores”; el trabajo individual y la proyección y ejecución de obras colectivas, algunas de ellas auténticos monumentos de nuestra cultura jurídica; el estudio de la norma positiva junto con el metajurídico de las ideas que la informan y de su historia, elevando así al técnico a la categoría de humanista; o, en fin, la claridad, elegancia y perfección de su estilo, un estilo original perfectamente reconocible. A propósito de originalidad, muchos recordaremos siempre a Don Alfredo hablándonos en ocasiones múltiples de la diferencia entre originales y novedosos, con la cita del Juan de Mairena de Antonio Machado, y de cómo hay que aspirar a la originalidad aunque implique, en palabras del poeta, “renunciar al aplauso de los snobs y de los fanáticos de la novedad”. El perfil de humanista de Don Alfredo queda bien reflejado en sus libros El trabajo en la literatura y el arte, Los trabajos de Don Quijote y Sancho y otros ensayos con el Derecho del Trabajo al fondo, y Amos y criados en el teatro clásico. Cuatro ensayos con el Derecho del Trabajo al fondo, así como en su muy estimable obra literaria, parte de la cual está recogida en El panamá y otros cuentos.

Don Alfredo no solo ha sido un profesor. Como sucede con los grandes maestros, destaca la variedad y pluralidad del contexto en el que ha desarrollado su actividad. A su obra científica hay que añadir desde 2017 su labor como Magistrado del Tribunal Constitucional, que le ha llevado a ampliar su campo de estudio a zonas poco frecuentadas por los laboralistas. Así, entre otras, ha sido ponente de muy relevantes sentencias en las que se ha tratado de la adopción y tutela en el Derecho Civil de Galicia (STC 133/2017), el consumo de cánnabis (STC 144/2017), la educación diferenciada por sexos (STC 31/2018), la Ley de Educación de Cataluña (STC 51/2019) o la denominada “lista Falciani” (STC 97/2019). Su vocación de servicio público se inició tempranamente como Colaborador del Gabinete Técnico del Instituto Español de Emigración (1962-63), y siguió como Interventor de Entidades Colaboradoras y Empresas del Instituto Nacional de Previsión (1963 a 1965) e Inspector de Trabajo y Seguridad Social (1965 a 1974). En la Dirección General de Previsión colaboró en la preparación de los Textos Articulados I y II (de 21 de abril de 1966) de la Ley de Bases de la Seguridad Social de 28 de diciembre de 1963, y en la Dirección General de Trabajo ejerció el cargo de Jefe de Asesoría de Normas Laborales (1966-1969). Durante casi un decenio (1996-2005) fue Consejero del Consejo Económico y Social.

Muchos han sido las distinciones y reconocimientos recibidos por Don Alfredo a lo largo de su vida académica y profesional, entre otros, los Doctorados Honoris Causa otorgados por la Universidad Central del Este de la República Dominicana, por la Universidad Rey Juan Carlos y por la Universidad de Murcia. Así como la Medalla de Oro al Mérito en el Trabajo.

Una gran obra no puede ocultar ni dejar fuera lo más importante: la persona que la realiza. Los profesores influyen, como nos ha recordado el decano Iturmendi, tanto por lo que hacen como por lo que son y en esto creemos que de Don Alfredo puede predicarse el verso clásico: “Iguala con la vida el pensamiento” (Andrés Fernández de Andrada, Epístola moral a Fabio). Su vida está en armonía con su doctrina. Es Don Alfredo ejemplo de magnanimidad, de “gran hombre”, de “hombre de bien”, de “persona excelente”. De su sentido del deber, firmeza de convicciones, laboriosidad, generosidad, tolerancia, sencillez y cercanía somos testigos cualificados y directos beneficiarios quienes con él hemos aprendido, día a día, el oficio universitario disfrutando de su trato inmediato. Alfredo Montoya Melgar nos ha mostrado con su dedicación la grandeza del oficio universitario, nos ha enseñado que merece la pena dedicarse a él, que es un oficio privilegiado en el que se puede ser muy feliz e incluso divertirse, como decía uno de los más eminentes juristas españoles de todos los tiempos, con quien Don Alfredo mantuvo estrechos lazos de amistad y admiración: Eduardo García de Enterría.

Vida larga y feliz ha sido la de Alfredo Montoya Melgar, junto a su esposa Elisa, sus hijos Elisa y Pablo, Alfredo y María, y Silvia y Christophe, y sus nietos Alfredo, Sara y Chloe. De Don Alfredo bien puede decirse que durante sus 87 años ha llevado a cumplimiento el consejo bíblico: “Sé fiel en tu deber y dedícate a él, y envejece en tu tarea” (Eclo 11, 20). Perseverancia que ha mostrado hasta el último momento, pues nos ha dejado con un nuevo, y precioso, libro en la imprenta: Tres Maestros Complutenses y otros ensayos con el Derecho del Trabajo al fondo, que próximamente verá luz en el Servicio de Publicaciones de la Facultad de Derecho de la Universidad Complutense. Ahora, cuando Don Alfredo ya no está con nosotros en este mundo, recordamos las bellísimas palabras de Olegario González de Cardedal: “No somos resultado de la humanidad, sino de unos padres; no sólo de una cultura general, sino de unos maestros particulares; no de unos pedagogos del mundo, sino de quienes nos dieron a cada uno de nosotros la mano en tiempo y lugar”. Muchos hemos tenido la fortuna inmensa de recibir la mano de Alfredo Montoya Melgar a la que siempre permaneceremos unidos.

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